Aprender a quererse no es un destino, sino un proceso continuo de autoconocimiento, aceptación y cuidado. En una sociedad que constantemente nos exige perfección, comparaciones y productividad, quererse puede parecer un acto de rebeldía. Sin embargo, es una necesidad profunda y legítima para vivir con bienestar emocional y autenticidad.

El primer paso para aprender a quererte es reconocer tu valor intrínseco. Esto significa entender que tu valor no depende de lo que logras, de cómo luces o de lo que otros opinan de ti. Tu valor es inherente: simplemente por existir, ya eres digno de amor y respeto. Esta comprensión puede ser difícil si has crecido en ambientes críticos o si has internalizado creencias negativas sobre ti mismo. Por eso, es fundamental identificar y cuestionar esos mensajes dañinos. ¿Quién te hizo sentir que no eras suficiente? ¿Qué experiencias reforzaron esa creencia? Al hacerte estas preguntas, comienzas a desmantelar una narrativa que no te pertenece.

Otro elemento clave es la autocompasión. No se trata de sentir lástima por ti, sino de tratarte con la misma amabilidad con la que tratarías a un ser querido que está sufriendo. Implica aceptar que eres humano, que puedes cometer errores y tener momentos de vulnerabilidad sin por ello perder tu valor. Practicar la autocompasión incluye reconocer tus emociones sin juzgarlas, darte permiso para descansar y cuidar de ti como lo harías con alguien a quien amas profundamente.

Además, aprender a quererte requiere construir una relación consciente contigo mismo. Esto se logra a través del diálogo interno: ¿te hablas con cariño o con dureza? Observar y transformar ese diálogo es fundamental. Puedes empezar por pequeñas prácticas diarias como agradecerte por tus esfuerzos, celebrar tus logros, por pequeños que sean, y recordarte tus cualidades únicas. El amor propio se cultiva con constancia, no con grandes gestos esporádicos.

También es importante establecer límites sanos, tanto con los demás como contigo. Aprender a decir "no" cuando algo te hace daño, priorizar tus necesidades y elegir relaciones que te nutran, es un acto de amor propio. Los límites no son barreras para aislarte, sino puentes que protegen tu bienestar emocional.

Por último, quererte implica reconectar con lo que te hace bien: tus pasiones, tus valores, tu cuerpo, tu tiempo. No puedes amarte si vives desconectado de lo que te hace sentir vivo. Ya sea bailar, escribir, caminar, reír o simplemente respirar profundo, todo aquello que te reconecte contigo mismo es parte del camino.

Quererte no significa que siempre te gustarás o que nunca te sentirás inseguro. Significa que, incluso en esos momentos, estarás a tu lado con ternura, sin abandonarte. Aprender a quererte es el acto más revolucionario que puedes hacer por ti: porque cuando te cuidas, te respetas y te valoras, todo en tu vida empieza a alinearse con esa verdad. Y desde ahí, todo es posible.

Según la psicóloga Marta Martínez Novoa, el síndrome de "la chica buena", es una actitud o un patrón de comportamiento basado en la anteposición de las necesidades y opiniones de los demás en contra de las propias necesidades u opiniones. Otro factor es el estar más centradas en ser hipersensibles para lograr la perfección ante los demás, con el único objetivo de sentirse validadas o conseguir la aprobación de otros.

Hay que decir que este síndrome también puede afectar a los hombres, pero en proporción muy minoritaria respecto a las mujeres. Hay ciertas particularidades que históricamente se han asociado a la feminidad como pueden ser la dulzura, fragilidad, responsabilidad, complacencia, que encajan a la perfección con el patrón de "chica buena".

Las conductas propias del síndrome en cuestión como son las conductas de complacencia hacia los demás pueden producir una sensación de insatisfacción vital muy importante.

Si tienes síntomas como anteponer las necesidades de los demás a las tuyas, si tienes dificultades a la hora de tomar decisiones, evitar entrar en conflicto o ser un personaje secundario de tu propia vida, estás sufriendo el Síndrome de "la chica buena".

La psicóloga que acuña este término comenta como se puede huir de este síndrome:

* Trabajar el autocuidado

* Poner límites

* Fomentar la autoestima

Piensa más en ti y enfócate en no buscar la perfección sino en ser feliz.

Las etapas del duelo son las etapas emocionales que se viven tras una ruptura o la pérdida de un ser querido. Según la psicóloga Elisabeth Kübler-Ross, el duelo consta de cinco etapas: negación, ira, negociación, depresión y aceptación.

Estas etapas no son lineales ni tienen una duración fija, sino que pueden variar según la persona y la situación. A continuación explico brevemente en qué consiste cada etapa:

Negación: Esta es la primera etapa del duelo y se caracteriza por la incapacidad inicial de aceptar la pérdida del amor. Es una forma de defensa emocional que nos permite aceptar gradualmente la pérdida.

Ira: Esta es una etapa de dolor intenso y desafiante. A medida que la negación comienza a desvanecerse, comienzan a aflorar emociones reprimidas como la ira, una de las respuestas emocionales más comunes. La ira puede manifestarse de muchas maneras diferentes y puede dirigirse hacia un ser querido, hacia uno mismo, hacia otra persona o hacia las circunstancias que rodearon la pérdida.

Negociación: Esta es la etapa donde intentamos recuperar lo perdido o evitar lo inevitable. Esto significa buscar soluciones, hacer concesiones o promesas, o incluso recurrir a la fe o la superstición con la esperanza de cambiar la situación o aliviar el dolor.

Depresión: Es una etapa donde la persona experimenta una profunda tristeza, desesperanza e indiferencia ante la vida. Se reconoce la realidad de la pérdida y se siente el vacío que deja. Este es un paso necesario para afrontar el duelo y prepararse para el siguiente paso.

Aceptación: Esta es la etapa final del duelo y se caracteriza por la adaptación a una nueva realidad sin un ser querido. Esto no significa olvidar o detener los sentimientos, sino aceptar lo sucedido y seguir adelante con la vida. Se restablece el equilibrio emocional y se abre la oportunidad de encontrar un nuevo significado y una nueva felicidad.

Espero que te haya resultado útil esta información. Si estás pasando por un duelo por una ruptura sentimental te recomiendo buscar apoyo profesional o apoyo de tus seres queridos y cuidarte física y mentalmente. Recuerda que el duelo es un proceso natural y lo superarás con el tiempo. Te mando un abrazo. 

La Navidad es una epoca del año que no despierta las mismas emociones en nosotros. Mientras que para unos es una época de alegría y emociones positivas, para otros es una época para la tristeza y la nostalgia. ¿Cuantas veces hemos oído? "Me gustaría cerrar los ojos y despertarme el 7 de enero", pero esto no es posible y además se repite cada año, uno detrás de otro. Uno de los factores más comunes para no sentirse feliz en estas fechas es la pérdida de un ser querido, puesto que se sufre con más intensidad su ausencia y se manifiestan sentimientos de desesperanza y tristeza. La presión social por estar alegres, tener más reuniones sociales y familiares puede llegar a sobrepasarnos y someternos a una presión excesiva. No obstante, si estas sensaciones de angustia, tristeza, desesperanza y pérdida de interés van más alla de la época navideña, se podría estár manifestando un trastorno depresivo y sería necesario la ayuda de un profesional. Si te ves reflejado ponte en contacto conmigo y juntos buscaremos soluciones.

La figura del cuidador en la sociedad actual es fundamental debido entre otros factores a la gran población de tercera edad que necesita de cuidados permanentes. Además es necesario poner en valor la labor de los cuidadores de pacientes con enfermedades crónicas en el ámbito familiar. Todos en mayor o menor medida hemos tenido un familiar con cáncer u otro tipo de enfermedad que necesitara de nuestros cuidados o atención. El cuidador muy frecuentemente pone el foco en el cuidado del familiar enfermo dejando de lado su propio cuidado. Por ello el autocuidado físico y psicológico es muy importante. Sería bueno que realizaramos algún tipo de ejercicio, llevar a cabo una alimentación equilibrada, pedir ayuda a nuestro entorno si fuera necesario para tener momentos para nosotros mismos y no perder nuestras relaciones sociales, hacer actividades que pudieran resultarnos placenteras y sobre todo no sentirnos culpables por permitirnos estar cansados, agobiados o por tomarnos algun respiro. En muchas ocasiones estar en esta situación requiere de ayuda psicológica para controlar el malestar o la culpa que produce la activdad de cuidar. Si estás en esta situación no dudes en contactarme.

¡Busca tu felicidad!

No lo dudes, tu salud mental es lo más importante. Estaremos encantados de atenderte, tus necesidades son lo más importante

Carmen Campos Urbanos - Doctoralia.es

De interés

Síguenos en

ins Calma

Tarjeta de contacto

qr code 8

Escanea el QR o pincha para descargar la Vcard

Página web financiada por

planrecuperacion